top of page

Recursos Humanos

  • 16 ago 2015
  • 2 Min. de lectura

Image of Pawel Kuczynski

Ya no somos personas. Desde hace un tiempo, los trabajadores somos recursos. Como la materia prima, pero con menos valor. Somos mero instrumento para que otros consigan elevados fines, que no compartirán con aquellos que les han ayudado a obtenerlos porque no somos nadie. Somos “algo”, un útil, una herramienta, una cosa sin alma y sin vida. En eso nos hemos convertido los esclavos del siglo XXI, en países que retroceden a pasos de gigante en libertades, en bienestar. Luchamos en trincheras ajenas, ambiciosos de conquistas, para olvidar que el pueblo se muere de hambre y tristeza. Se muere podrido de mentiras que no importa no ver. Se mata, poco a poco, lamentablemente estúpido.

Recursos, meros recursos. Sólo importa cuándo entran, cuándo salen, controlando cada minuto que le roban a esa latente “productividad” que sólo se mide en horas. Da igual si vales o no, da igual si eres tan rápida y eficaz que a veces te aburres o si eres una imbécil redomada y necesitas un equipo de diez “recursos” para hacer el trabajo que tú, “directora”, no sabes hacer. Sí, así es el mundo y por lo visto, así va a continuar. El cerebro nunca ha valido para nada, más que para el arte, que es considerado por la sociedad como “una distracción”. Una sociedad de imbéciles, dicho sea de paso.

Recursos, sólo recursos. Da igual que estés entregando tu alma, vendiendo tu cerebro al que ni siquiera es el mejor postor, pero parece haberse convertido en el único, en esta sociedad que no duerme porque unos repeinados musculosos meten un gol de menos, pierden un partido o se meten una copa de más. Sociedad de ignorantes insomnes (a ratos) que por el contrario asiste, impasible, al desmoronamiento de todo lo que un día nos dijeron era cierto, bueno, correcto. Nada es perfecto, todo tiene sus posibles mejoras... Pero esto es una mentira. Y, en este caso, la verdad no es relativa. La verdad es que nos mienten para seguir manteniendo una horda de pobres recursos que haga el trabajo mientras una élite de ricos (en dinero), vive de lujo. Y, lo más triste, es que las mentiras que rigen las vidas de esos pobres recursos no nos impiden dormir. Es más, algunos siguen votando para que los mismos niños mimados continúen manipulando sus marionetas, robando, coartando y mintiendo. Infravalorando. Menospreciando. Generación tras generación unos pocos se comen las vidas de otros muchos, como la historia, aunque plagada de mentidas, demuestra.

Una enorme mentira, que contribuyes a construir (y es lo que mayor conflicto interno me provoca), te paga un sueldo precario. Un sueldo que obtendrías metiendo facturas (sin menospreciar a quien copia números de un papel a un fichero, pero destacando que hace eso, copiar) o doblando camisetas (idem.). Un sueldo que no paga tus ideas, tus palabras, tu creatividad, tu entrega.

Recursos, eso somos. Recursos para que otros consigan sus fines. No tenemos derecho a metas, nos las han arrancado todas. No tenemos derecho a sueños, nos los han robado. No tenemos derecho a alas, nos las han cortado. Algunos ni siquiera tienen pensamientos propios, se los han borrado todos.

 
 
 

Comentarios


Últimas Entradas
Entradas Recientes
Search By Tags
Follow Us
  • Facebook Classic
  • Twitter Classic
  • Google Classic
bottom of page